El gran
reto de nuestros días es lograr sobrevivir como especie pero preservando la biosfera,
sin afectar a ningún ser vivo e inclusive, sin modificar parcial o totalmente
el ambiente en que convivimos. Esta no
es una fácil tarea, ya que la población mundial de nuestra especie crece de una
forma prácticamente descontrolada, lo cual conlleva a un aumento
desproporcionado en la utilización de los recursos necesarios para su
subsistencia. Si a este crecimiento
poblacional desmesurado le sumamos el efecto ocasionado por una sociedad global
fundamentada en el consumo, lo cual agranda las brechas sociales que
enfrentamos en cuanto a los recursos económicos y a la educación, es fácil
comprender la magnitud de este reto.
FIGURA 1. Biosfera y localización de la vegetación en el
mundo.[3]
Considerando
que en el año 1950 la población mundial era de aproximadamente 2 500 millones
de habitantes y que hoy en día ya rebasamos los 7 000 millones[2], es fácil deducir el
impacto que, como especie humana, hemos ocasionado a la biosfera en los últimos
60 años. Se estima que para el año 2050,
la población mundial alcance los 9 500 millones de habitantes[2], con focos poblacionales
que no necesariamente son los países cuyo poder económico es el mayor hoy en
día. En la Figura 1 se observa la
ubicación de la vegetación de nuestro planeta, de la cual las selvas tropicales
y monzónicas cumplen la función de ser ‘pulmones globales’. Estas selvas se encuentran, principalmente,
en la zona amazónica de América, en la zona central de África, en el sur de
Asia y el norte de Oceanía.
Por otro
lado, en la Figura 2, es posible observar la concentración de la población
mundial por país. Paradójicamente, los
países que se encuentran en las zonas de las selvas arriba mencionadas, hoy
poseen grandes poblaciones y además, en la mayoría de los casos, son países que
se encontrarán entre los 10 primeros en cuanto a mayores poblaciones del mundo,
de acuerdo a las proyecciones actuales para el 2050[2].
FIGURA 2: Concentración de la población mundial por país,
en millones de habitantes.[4]
Si vemos
hacia atrás, la historia de la humanidad no resulta alentadora y es posible
identificar fácilmente un sinfín de hechos que han impactado negativamente a la
biosfera. Ya en el año 1855, en la carta
que Tatanka Iyotanka (conocido en español como Toro Sentado), gran jefe de la
tribu Sioux, le envió a Franklin Pierce, presidente de Estados Unidos de
América de esa época, alerta acerca del comportamiento nocivo de la sociedad de
consumo occidental, en la cual la preocupación por la sostenibilidad no ocupaba
lugar alguno:
“…no comprendemos lo que será cuando los
búfalos hayan sido exterminados, cuando los caballos salvajes hayan sido
domados, cuando los recónditos rincones de los bosques exhalen el olor a muchos
hombres y cuando la vista hacia las verdes colinas esté cerrada por un enjambre
de alambres parlantes. ¿Dónde está el
espeso bosque? Desapareció. ¿Dónde está el águila? Desapareció.
Así termina la vida y comienza la supervivencia…”[5]
Sin
embargo, hoy en día sí existe una mayor conciencia en cuanto a la importancia
de la sostenibilidad. Las grandes
empresas transnacionales (i.e. Kraft Foods) se encuentran comprometidas con la
preservación del ambiente, lo cual se evidencia con la adopción de políticas
conservacionistas, las cuales buscan disminuir el impacto negativo a la
biosfera, reduciendo la generación de desperdicios, utilizando cada vez más materiales
de empaque reciclables y disminuyendo el consumo de recursos como agua,
combustibles fósiles y energía eléctrica.
De igual
forma, muchas naciones del mundo han ido adoptando un comportamiento
salvaguardista del ambiente, siendo prueba de esto el compromiso adquirido por
la mayoría de los países del mundo al firmar el Protocolo de Kioto sobre el
cambio climático, con el cual se pretende reducir la emisión de gases de efecto
invernadero y que provocan el calentamiento global. Paradójicamente, Estados Unidos de América es
uno de los pocos países que se ha negado a ratificar este protocolo, siendo
además el mayor emisor mundial de dichos gases, aunque se debe reconocer el
esfuerzo que realizan los gobiernos locales de ciertos estados que conforman
este país (i.e. Los Angeles y New York), que sí lo han adoptado.
Por lo
tanto, todavía hay camino que recorrer, aunque también se ha demostrado a lo
largo de la historia que cuando la humanidad lucha en conjunto por un mismo
objetivo, no hemos enfrentado ningún reto tan grande, ni obstáculo tan
imponente que no logremos superar.
Definitivamente, la adopción y puesta en práctica de la Carta a la
Tierra por todas las naciones del mundo, es la mejor herramienta que tenemos en
este momento para cambiar lo que, de lo contrario, se muestra como un futuro
fatalista.
Citando
nuevamente a Tatanka Iyotanka:
“Debéis enseñar a vuestros hijos lo que
nosotros hemos enseñado a los nuestros: que la Tierra es su madre. Lo que le ocurre a la Tierra también le
ocurre a los hijos de la Tierra.” [5]
BIBLIOGRAFÍA
[1] Universidad para la Cooperación
Internacional, Carta a la Tierra, 12 de enero 2012.
http://www.ucipfg.com/map/moodle/mod/resource/view.php?id=1389
[2] Geohive,
2000-2012. http://www.geohive.com/
[4] Basado en Roke, 27 de marzo 2006.
Actualizado por Emilfaro, 3 de marzo 2009.
http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:World_population.PNG
[5] Tatanka Iyotanka, Carta a
Washington, 1855.
http://www.regionlalibertad.gob.pe/rrnn/admin/docs/Carta%20de%20Toro%20Sentado%20a%20Washington.pdf

